30 YEARS ANNIVERSARY IN PARIS

Una historia de éxito por excelencia: Frederique Constant celebra su 30º aniversario “No existe en el mundo nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento”, escribía Victor Hugo en 1885.

Casi exactamente cien años después, Peter C. Stas y Aletta Stas-Bax tuvieron una idea inicial cuyo momento llegaría en 1988. En unas vacaciones de esquí en los Alpes suizos, vieron un reloj de pulsera en un escaparate que no pudieron olvidar. Su debate intelectual sobre ese modelo se convirtió rápidamente en una verdadera pasión por los relojes de pulsera, hasta tal punto que la pareja no tuvo más opción que sacrificar sus prometedoras carreras en empresas multinacionales en aras de su propio negocio de relojes. Roma no se construyó en un día, y su negocio de relojería tampoco se hizo de la noche a la mañana. A mediados de los años ochenta, la pareja viajó a Hong Kong por trabajo.

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Como los relojes también estaban en boga allí, Peter Stas creó una pequeña empresa que vendía software de diseño de alta calidad, en paralelo con su trabajo habitual. El ambicioso propietario también utilizó su empresa para diseñar sus primeros relojes de pulsera. Como pensaba que lo que se fabricaba en China no era nada atractivo, se dedicó a estudiar detenidamente libros y catálogos sobre relojes. A partir de ahí, surgió la primera serie de prototipos, producidos con distintos componentes y montados sobre la mesa de la cocina familiar. Aletta Stas presentó algunos de estos modelos en la feria de relojería de Hong Kong. En un primer momento, no tuvieron mucha suerte, pero poco antes de que finalizara la feria, un mayorista japonés hizo un pedido de 350 relojes. Se vendieron a una velocidad increíble.

Un encargo de 1.100 unidades más les dio el coraje necesario para crear una pequeña colección de prototipos de tan solo seis modelos, cuyas elegantes cajas iban equipadas exclusivamente con movimientos de cuarzo electrónicos. Como la calidad era un factor fundamental en aquel entonces, el montaje se llevaba a cabo en Suiza, con piezas fabricadas en ese país europeo. Estos nuevos modelos prosperaron maravillosamente, pero la lógica les decía que debían buscar un nombre adecuado. En ese momento, Frederique Schreiner, la bisabuela de Aletta, y Constant Stas, el bisabuelo de Peter, aparecieron en escena. Con la combinación de los nombres de estos dos antepasados surgió Frederique Constant.

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